La carta para el Presidente

Dime que no es un juego lo que está pasando hoy. Niégamelo, por favor. La vulnerabilidad en la que me encuentro expuesta altera mis hormonas y desde ya, me calificas de más histérica que lo normal. Yo, la mujer, estoy preocupada por el país.

Esperaba un mayo florecido, que aunque tuviera espinas pensé cortarlas con mis propias manos para aprender de mis errores. Pero no puedo ser individualista ante la situación, soy fémina envuelta en rosquillas de hiel que nadie se las quiere comer.

Dime, dónde querés que me esconda cuando la escasez esté a punto de comenzar en el país o, cómo querés que actúe, ¿que me encierre? ¿Que salga a la calle a protestar? Ese es el primer dilema. Vos no de me dejás hacer mucho ni poco, claro, por mi protección.

Las muertes no llegan a su fin. Todos y todas jóvenes. Algunos cuerpos se han encontrado, algunos vivos y otros inertes.  Los medios de difusión de información se tapan la vista, ojos y olfatos con colores de paz y amor, pues son comprados. Ya lo sabés muy bien.

Me condenas a estar en casa. Quietecita, sin mucho qué hacer, mientras juego al zapping con la tv que me indica que todo se reestablece poco a poco, cada medio día en punto de las doce. Es la compañera Rosario, Vice Presidenta de la República que me da su monólogo. ¿Sabes qué me dijo hoy? Daniel Ortega me mandaba un abrazo fraterno.

No sé qué les espera a las mujeres jóvenes en este triángulo de las Bermudas en el cual se ha convertido Nicaragua. Todo se pierde y muy difícilmente aparecen radiantes de alegría, el Chipote les cambia las emociones, las calles llenas de Policías y Antimotines les obliga a pelear por la Patria. ¿Ante todo eso quieres que no esté histérica?

Y qué será de las carreras universitarias, del trabajo laboral para los y las jóvenes. Cómo reconstruir poco a poco al sistema que se pierde en una dictadura irreversible al caos. Si bien decimos que nosotros y nosotras somos la solución, no tenemos espacios donde podamos ser enteros, sinceros y libres. Los títeres aún son guiados por el danielismo, se hacen llamar Juventud Sandinista.

Un trabajo digno no puede haber sino hay “pata” donde poder colgar el título con un salario agradable. No hay oportunidades porque las capacidades son secundarias, el conecte principal. Somos universitarios, universitarias para quedarnos agazapados en la tiranía voluptuosa de lo que en un futuro queremos ser, recibir aplausos por ello y regresar a casa a soñar.

¿Niégame que todo lo que te he contado es mentira? Por decir la verdad me obligas a obedecer contra mis principios, por defender mi filosofía me reprimes a la muerte. Y para el colmo, me vendes una imagen capitalista-machista, concentrada en intereses egoístas. No entiendo cómo pudo caber tanta confianza en ti, por parte de la población que te amaba. Te amaba, pero ya no.

Se quitaron las manilas que les habías puesto en sus brazos. Ya no los puedes controlar, se te salen de control, especialmente las mujeres. Yo soy una de ellas y hoy te digo, que todo me preocupa por el déficit de trabajo laboral, por la poca afluencia de estudiantes a sus colegios, por el sistema al que están optando las universidades para terminar sus primeras asignaturas, por la falta de iniciativa tuya de formular propuestas y determinar la fecha exacta del diálogo.

Que los de abajo suban no es el propósito querido, que te delimiten lo que has hecho mal sí y, a juzgar por los últimos acontecimientos que ya todos sabemos, tu tiempo se acaba y solo espero y, le pido a Dios que no termine con más sangre sino, pacíficamente.

Con mucho amor y cariño, diciéndote lo que pienso, para ti, Presidente de Nicaragua.


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