¿Cómo está #PapelylápizEscritora?

Un sueño frustrado quiere una escapatoria. La libertad se asoma y yo la huelo con mi sueño al lado.

Hace once meses atrás decidí escribir por primera vez sobre mí, traté de explicarles quién era Papel y Lápiz Escritora y nuevamente vengo a sincerarme con ustedes. Sigo igual en estatura, mi límite de crecimiento físico dio un alto rotundo a mis 22 años, dicen que uno termina de desarrollarse a los 23 así que podría tener siete meses de esperanza más.

Pero no me importa lo físico. Nunca se me ha dado como importante a no ser que sea por salud física y para sentirme bien conmigo misma. Ya no tengo el pelo largo, he tenido procesos de corte espiritual que en el cabello se ha notado. Ahora mi corte es muy varonil; no he podido actualizar fotos en las redes me disculpo por ello.

Sigo trabajando en lo mismo, comunicadora social y digital, sin embargo ahora lo hago por medio de la firma inscrita como “Servicios Allisson Maltez Comunicadora Social”. Un diseñador, amigo y villeño me acompaña en esta travesía que se convirtió en emprendimiento. ¿A dónde voy a llegar con este método? Créanme que no lo sé, solo dejo que todo fluya y no pierdo ninguna oportunidad que se me presenta.

En Nicaragua somos pocos los que trabajamos y eso me ha enseñado a valorar este nuevo sistema aunque no sea mucho de mi agrado y no lo digo por el tipo de trabajo sino porque me encantaría poder dejar todo eso y solo leer, escribir, leer, escribir. Y esto último ha rondado en mi cabeza muy fuertemente en mi viaje a El Salvador.

No escribo nada propio desde hace cinco meses atrás, produzco la poca inconciencia que me queda en las últimas jornadas de la noche. Lo último que he estado publicando en mi blog son recopilaciones de mis escritos que he podido ordenar por carpetas en mi computadora, en esos momentos también descubrí que ya puedo ser capaz de desprenderme de ellos y publicarlos pero luego el temor, la duda de lo que hago, de lo que me gustaría hacer toda mi vida se postra conmigo en el día a día.

Antes de irme a El Salvador llevaba una meta, darme el permiso de replantearme por primera vez mi sueño de ser escritora. Tantos poemas, tantos relatos, tanto cuentos, tantos epígrafes y pensamientos archivados, ¿para qué?

¿Escribir para qué? ¿Por qué esa manía de querer hacerlo todo el tiempo? ¿Cómo surgió esta locura de la lectura y escritura? Si en mi familia no hay nadie que se dedique a eso, ni que lea ferozmente, nadie me inculcó la lectura lo he desarrollado sola ¿Tiene futuro? ¿Será necesario dejar algunos trabajos para escribir?

Quizá para ustedes estas preguntas tienen respuestas pero para mí todavía están inconclusas. A las preguntas no le encuentro pensamiento, no hay creatividad, no sé hacia dónde dirigirme. La inseguridad se me ha postrado y me cuesta arrancar. No hay una visión, no hay una misión ni una meta y eso se debe a mí misma por no accionar en lo que me gusta, me apasiona y me da vida.

Guillermo Rothschuh me aconseja la calma. Me invita a no forzar nada y ahondarme en la lectura hasta que mi cuerpo diga basta. La seca incomoda, te deja paralizada en preguntas existencialista. El amor encarna y el desamor también ayuda; me mandó a buscar los Versos del Capitán de Pablo Neruda y a dejar Los Narradores Ante el Público compilación de Antonio Acevedo; “no te llenes la cabeza de gente que te dice cómo escribir” me sentenció en un mensaje. Es el único escritor que tengo a mi lado para guiarme en su camino.

Mientras tanto me fundo en Neruda. Y descubro unos versos que me hacen palpitar con furia en La infinita, “andando, andando, andando me pasaré la vida”. O quizá me paso la vida como el personaje de Ford Madox Ford en El buen soldado, John Dowell, descifrando emociones en los demás sin interiorizar mis sentimientos y lo que piense acerca de una situación, en este caso seria, no intentando buscar respuestas a mis preguntas presentadas anteriormente.

A Jordi Sierra I Fabra lo acabo de conocer hace poco tiempo. Escuché una de sus conferencias y su último consejo hacia los adolescentes de España me dejó pensando en mi vida. ¿Y por qué no intento mejor que “cada día sea una pequeña vida en 24 horas”?

No tengo nada más qué decirles, hasta creo que me salí de varios contextos tratándoles de explicar por qué no he estado escribiendo mucho o subiendo publicaciones al blog. Me gustaría saber más de ustedes, ¿alguien estará frustrado(a) por algún sueño no cumplido como el mío? ¿Alguien reflexionará sobre la necesidad de algunas personas por escribir y abrir puertas a un sueño?

Espero que te haya gustado mi estilo de escritura ¡Dejá tu opinión!


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